miércoles, 4 de septiembre de 2013

Quisiera ser un pez

Tres segundos, nada más. Ese es el tiempo que tardan en olvidar.

Sentada en el naranja sofá del salón de mamá contemplo como los peces la adoran y cada vez que se acercan se pegan al cristal. Y digo pegan, porque literalmente golpean el cristal, y cuando se dan cuenta de que no pueden salir, se les ha olvidado ya y vuelven a intentarlo. ¡Qué manera más simple y divertida de pasar los días!

Aveces, decido que es hora de que coman, y si a los 30 segundos vuelves a dejar caer el bote en el acuario, ten por seguro que comen de nuevo, como si lo anterior no hubiera pasado. Menos mal que no soy yo la que los cuido, porque si fuera así seguro que se acordaban de cómo les hago de rabiar... Están tan bien alimentados y cuidados que cada vez que paso por aquí la familia ha aumentado en número.

Es normal, si un pez solo puede recordar una cosa, se acuerdan de mamá, que todas las mañanas les pone comida y que les limpia el cristal, ese contra el que pasan la vida golpeándose.

Su memoria, ese rasgo tan característico que es cultural general. "Memoria de pez", cuando te dicen que la tienes no te hace gracia, pero si paras un momento a pensar en lo que supondría... ¿porqué no?

martes, 26 de marzo de 2013

Lo merece

Todo empezó realmente como una locura. No decidimos nada pero surgió la idea de hacer una viaje todos juntos a las Fallas. Mi única preocupación era que mi hermano nos dejara su casa para que el alojamiento fuera gratis, y en un par de caritas de buena estaba conseguido. Y así, sin más, empezó la aventura. Es verdad que Patri tuvo mucho que ver cuando no paraba de repetir que ella iba seguro y a los demás les entraron las ganas. Raquel quería venir a Valencia y le daba igual la fecha, pero esta era especial.

Comenzaron los preparativos. Me apetecía más que a nadie enseñarles las fallas a "mis niñas". Y aunque en un principio esperaba que se apuntara más gente, en realidad nuestra pequeña piña fue la que no falló. Sara, más conocida actualmente como Fresita, no dudó un momento en apuntarse al carro de la fiesta... y es que cuando le hablan de juerga le sobra tiempo para decir que sí. Raquel decidió traerse a Maite, que cada día está más metida en el grupo y es algo que me encanta. Sergio pidió los días en el curro porque tampoco le gusta perderse nada. Y Borja trabajaba pero se encargó de coger rápidamente un AVE para engancharse enseguida.

Y sin darme ni cuenta nos plantamos en Valencia. No había ni organizado una ruta fallera ni sabía qué hacer realmente, pero en esta época no hace falta mucho plan para una fiesta que está en todas las calles de la ciudad. Dejamos maletas y a caminar. El primer día no había mucho que ver pero poco a poco la fiesta llegó a las calles y también a nuestros cuerpos. Fallas, mascletás, luces, ofrenda y petardos no faltaron en la visita, ni el pañuelo fallero, por supuesto. Rutas a pie por una ciudad con un espíritu especial, que llena Valencia de olor fallero.

Para ellos las primeras fallas, que espero no sean las últimas. Para mi unas fallas diferentes, increíbles y especiales que me ha encantado compartir con ellos. Aunque un poco accidentadas, lo malo se olvida, seguro que las próximas aprendemos de los errores. Espero que os hayáis quedado con ganas de más y que la próxima visita fallera sea dentro de poco.

Visca València i visquen les Falles


PD: Os quiero