Para aceptarse, es necesario recorrer un camino que empieza por quererse, por ver en uno mismo lo bueno y lo malo, cambiar lo erróneo, y reafirmar aquellas virtudes de las que se está orgulloso. Es necesario finalizar el recorrido sabiendo lo que eres, aunque no sea realmente perfecto, pues es imposible. Llegar la meta, al interior de uno mismo, es el primer objetivo.
Sin este primer paso, es imposible creer que hay gente alrededor, muy cercana, que te quiere tal y como eres, que valora tus virtudes y a quien no le importan tus defectos, que te apoya en los malos momentos, y que siempre estará ahí, y te lo demuestra cada día. Pero sin la trayectoria anterior muchas veces la capacidad de ver a esa gente no existe, la ceguera hacia el mundo impide apreciar a todas esas personas. Dar la espalda al mundo no soluciona nada, solo conlleva no ver venir las oportunidades que se te ofrecen.
No puedo cambiar lo que soy, y como soy, sentir que no valgo nada. El mejor remedio es admitir que hay cosas contra las que no se puede luchar, porque no se puede hacer nada. Lo peor de no quererse y no aceptarse es que si por mi no muestro sentimiento, por los demás parece que tampoco, parece que las personas que realmente me importan no lo saben, a las que quiero les hago daño, y que mis palabras no van acorde a lo que pienso. Admitir la derrota antes de la guerra implica no luchar por mis sueños, por lo que quiero.
Hay gente que nació para medir 1,80 y ser perfecta, y otras nacimos primas hermanas de Quasimodo.
Os quiero
Sara
No hay comentarios:
Publicar un comentario